Láser y cirugía refractiva ocular     “un poco de luz en la oscuridad” (I)

INTRODUCCIÓN

                        Nos encontramos en una sociedad que avanza a pasos “agigantados” en todos los sentidos. El desarrollo de sistemas tecnológicos cada vez más sofisticados se aplica constantemente en todos los ámbitos relacionados con la mejora de la calidad de vida del ser humano. El medio sanitario es quizás donde estos sistemas permiten que la aparición de nuevas técnicas resulten muy impactantes para la población, ya que en la conciencia social de la comunidad la salud destaca como tema prioritario.

                        En ese sentido es conocido que la población en general asume que aquellas técnicas que utilizan el LÁSER son, por descontado, las mejores para el tratamiento de los procesos que padecen, aunque si hiciéramos una encuesta descubriríamos que un porcentaje sorprendente no sabría definirlo ni siquiera enumerar sus indicaciones más frecuentes.

                        El objetivo de este documento es ayudar en la comprensión de la llamada cirugía refractiva ocular, que tanto auge está alcanzando actualmente pero que al mismo tiempo implica tanto desconocimiento y misterio por parte de la población general.

                        Comenzaré haciendo un breve esquema de la anatomía y fisiología (funcionamiento) ocular en lo que se refiere al aspecto refractivo (óptico), luego comentaré brevemente las enfermedades oculares susceptibles de corrección óptica (ametropías) y las diferentes opciones terapéuticas (tratamientos).

Anatomía y fisiología oculares básicas.

El ojo humano está formado por varias capas de tejido. La más externa está compuesta por la conjuntiva, membrana trasparente con muchos capilares sanguíneos que sirve básicamente para defendernos de agresiones externas y que responde a dichos ataques con su enrojecimiento e inflamación (conjuntivitis) Bajo la conjuntiva está la esclerótica, que es una membrana densa de color blanco.
 

La capa media se llama úvea y se encarga de nutrir y defender a la parte interna del ojo y que tiene una prolongación visible que es el iris, que aparte de conferir el color a nuestros ojos tiene la misión de cerrarse o abrirse para regular la entrada de luz, como un auténtico diafragma de una cámara fotográfica.

                        La capa interna es la retina, y funciona como una cámara de televisión, recogiendo la imagen del exterior y enviándola por el nervio óptico (el “cable de antena”) al cerebro para que éste la interprete.

                        Por fuera del ojo se encuentran los músculos extraoculares que moverán “la cámara” para que esté en la dirección de la imagen que queremos que nuestro cerebro vea.

                        Por lo tanto tenemos una “cámara”  con sistema de defensa, con músculos  que la mueven, con un diafragma (iris) que se cerrará cuando haya mucha luz  y casi perfectamente redonda para tener características de “gran angular”, pero nos falta lo más importante: un sistema de lentes que sea capaz de enfocar las imágenes del exterior en una “cámara oscura”  de menos de tres centímetros de diámetro. Con una cámara de fotos es sencillo, adaptamos un objetivo (generalmente dos lupas alineadas) y lo manipulamos para enfocar. En el ojo esas lentes tienen dos nombres : La córnea y el cristalino.

La Córnea.

                         Es nuestra “lente externa” y su nombre proviene del griego “queratos”, que significa piedra, haciendo honor a su dureza. Es perfectamente trasparente y a su través podemos ver el iris. Es la superficie con mayor poder refractivo del ojo (cerca de 40 Dioptrías) Consta de cinco capas: El Epitelio, Membrana de Bowman, Estroma, Membrana de Descemet y el Endotelio.

Cristalino.

                         El cristalino es la lente interna del ojo, es transparente y cuando se opacifica se denomina catarata. Tiene una potencia aproximada de 20 dioptrías.

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